Tapa blanca de Meditaciones

Disponible en tapa blanda y tapa dura

Meditaciones

Marco Aurelio

Traducción moderna al españolTapa blandaTapa dura (tapa blanca)
Hace falta muy poco para tener una vida feliz; está todo dentro de ti.
Comprar en

¿Eres librería o distribuidor? Compra por mayor en SBS.

¿Qué secretos guardaba el diario personal del hombre más poderoso de Roma? Entre estas páginas, Marco Aurelio, emperador y filósofo, revela sus reflexiones más íntimas sobre el arte de vivir.

Sus palabras, escritas hace dos milenios en noches solitarias de guerra y gobierno, siguen transformando vidas hoy con una sabiduría sorprendentemente moderna sobre la felicidad, el miedo, el éxito y el significado de una vida bien vivida.

Autor
Marco Aurelio
Encuadernación
Tapa blanda. Tapa dura solo con la tapa blanca
Formato
14 × 21,5 cm
Idioma
Español, traducción moderna
ISBN tapa blanca, blanda
9786310066059
ISBN tapa blanca, dura
9786319177046
ISBN tapa azul
9786310072715
ISBN ebook
9786319177053
Meditaciones Primeras páginas

Libro I

1. De mi abuelo Vero: la templanza de carácter, la calma.

2. De la fama y el recuerdo de mi padre: el pudor y la virilidad.

3. De mi madre: el temor a los dioses y la largueza; abstenerse no solo de obrar mal sino de concebir el mal; la austeridad en el vivir, tan alejada del modo de los ricos.

4. De mi bisabuelo: no haber asistido a escuelas públicas, haber tenido buenos maestros en casa, y haber comprendido que en esas cosas conviene gastar sin escatimar.

5. De mi preceptor: no tomar partido ni por los Verdes ni por los Azules, ni por los gladiadores de escudo pequeño ni por los de escudo grande; soportar la fatiga, tener pocas necesidades, trabajar con mis propias manos, ocuparme de mis asuntos, y tener oídos sordos a la calumnia.

6. De Diogneto: el desprecio por las cosas frívolas; la desconfianza hacia lo que afirman los que hacen conjuros y exorcismos y practican semejantes artes; no criar codornices de pelea ni apasionarme por esas cosas; aguantar la franqueza ajena; haberme iniciado en la filosofía —primero con Baquio, luego con Tándasio y Marciano—; haber escrito diálogos desde niño; haber querido el camastro y el pellejo y todo lo demás que forma parte del rigor griego.

7. De Rústico: la convicción de que mi carácter necesitaba formación y disciplina; no haberme desviado hacia la sofística, no haber escrito tratados de especulación ni declamado discursos de edificación ni exhibido al asceta ni al bienhechor de aparato; haber renunciado a la retórica, a la poesía, al lenguaje de adorno; no deambular en toga por casa ni hacer cosas por el estilo; escribir las cartas con llaneza —como la que él mismo escribió a mi madre desde Sinuesa—; con quienes me ofendieron o me trataron mal, estar dispuesto a reconciliarme en cuanto ellos dieran la menor señal; leer con precisión, no conformarme con una lectura superficial; no dejarme arrastrar por los que no paran de hablar.Y, sobre todo: gracias a él pude leer los apuntes de Epicteto, que me prestó de su propia biblioteca.

8. De Apolonio: la libertad interior y la inflexibilidad de propósito; no poner los ojos en nada que no fuera la razón, ni un solo instante; permanecer idéntico en el dolor agudo, en la pérdida de un hijo, en la enfermedad larga; ver en él, vivo y presente, que la misma persona puede ser enérgica y a la vez apacible; no irritarse en las explicaciones; observar a un hombre que tenía en poca estima su propia pericia y su experiencia al transmitir los conocimientos; aprender cómo se reciben los llamados favores de los amigos —sin dejarse dominar por ellos ni rechazarlos sin tacto.

9. De Sexto: la benevolencia; el ejemplo de una casa gobernada con autoridad de padre; lo que significa vivir de acuerdo con la Naturaleza; la dignidad sin afectación; la atención a los amigos; la paciencia con los ignorantes y con los que opinan a ciegas; el arte de acomodarse a cada persona de tal modo que su trato era más grato que cualquier lisonja —siendo al mismo tiempo quien más respeto inspiraba—; la capacidad de hallar y ordenar con exactitud las máximas necesarias para la vida; no haber dado señal jamás de ira ni de ninguna pasión, siendo sin embargo el más afectuoso y el más dulce; el elogio sin ruido; el saber sin alarde.

10. De Alejandro el gramático: no reprender. No abalanzarse sobre quien comete un barbarismo, un solecismo o una pronunciación incorrecta para corregirlo en público, sino deslizar con habilidad la expresión justa —en forma de respuesta, de confirmación o de indagación conjunta del asunto y no de su formulación— o mediante cualquier otro recurso de sugerencia indirecta igualmente apropiado.

11. De Frontón: comprender hasta qué punto la envidia, la doblez y la hipocresía son propias de la tiranía; y que quienes llamamos patricios tienen, en general, poca capacidad de afecto genuino.

12. De Alejandro el platónico: no alegar con frecuencia ni sin necesidad —ni de palabra ni por escrito— que estoy demasiado ocupado; no esquivar los deberes que imponen las relaciones usando las urgencias como pretexto.

13. De Cátulo: no desoír las quejas de un amigo aunque fueran injustas, sino esforzarse en recomponer el vínculo; hablar bien de los maestros sin reservas, como se cuenta que hacían Dionisio y Atenodoro; querer de verdad a los hijos.

14. De mi hermano Severo: el amor hacia los de mi casa, hacia la verdad, hacia la justicia; haberle debido el conocimiento de Trasea, Helvidio, Catón, Dión y Bruto; la idea de un Estado con una sola ley para todos, gobernado con la misma razón y los mismos derechos; la idea de un poder que, antes que cualquier otra cosa, respeta la libertad de los que gobierna. De él también: la constancia y la regularidad en el amor a la filosofía; la generosidad de espíritu; la confianza sin fisuras en los amigos; la franqueza con quienes merecían ser corregidos; y una transparencia tal que sus amigos nunca necesitaban adivinar lo que quería ni lo que pensaba, pues era siempre manifiesto.

15. De Máximo: la capacidad de gobernarse; no dejarse mover por nada; el ánimo igual en todas las circunstancias y en particular durante las enfermedades; el carácter hecho de partes iguales de dulzura y gravedad; afrontar las tareas que llegan sin queja ni resistencia; la confianza que inspiraba de que sus palabras y sus actos venían de una misma convicción; no desconcertarse ni perturbarse nunca; no precipitarse ni remolonear; no hundirse ni forzar una sonrisa; no irritarse ni sospechar; la generosidad, el perdón, la rectitud; la impresión de que no era necesario esforzarse para parecer recto —simplemente lo era—. Nadie podía hacerle sentir menospreciado, ni tampoco creer que les llevaba ventaja.

¿Te atrapó? Sigue leyendo

Este fue un adelanto de Meditaciones. El libro completo, en :

Para seguir leyendo

Más títulos de filosofía y estrategia, a precio FAI.

Tapa de Manual de vida, de Epicteto (tapa blanca)Tapa de Manual de vida, de Epicteto (tapa azul)

Manual de vida

Epicteto
Dos tapas para elegir
Tapa de El arte de la guerra, de Sun Tzu (tapa blanca)Tapa de El arte de la guerra, de Sun Tzu (tapa azul)

El arte de la guerra

Sun Tzu
Dos tapas para elegir